La luz emitida por una bombilla o luminaria determinada, se dispersa en el ambiente y se refleja y o refracta en las superficies, de forma que crea una atmósfera en el entorno, que varía con la tecnología de luz y la forma en que rebota o se absorbe en éste. Esto da un resultado de iluminación dado, para cada combinación de luminarias determinado, que tiene tanta importancia en lo objetivo como subjetivo.
En lo objetivo se entiende por la capacidad de la iluminación para cumplir la misión principal para la que se diseñó, dando un resultado genérico para el colectivo de los usuarios.
En lo subjetivo, se refiere a cómo cada sujeto percibe esa luz, y crea en él una sensación o reacción determinada ante la exposición a la misma, dando un resultado particular para cada uno de ellos.
Cuando adquirimos una bombilla o cualquier otra fuente de luz, lo primero que debemos pensar es qué uso vamos a darle. Esta sencilla pregunta es el origen de un infinito número de posibilidades y variantes, que determinan cómo incidirá la luz en la estancia o en los objetos que queremos iluminar, ya que la luz emitida y reflejada varía enormemente el resultado obtenido en cualquier iluminación.
La combinación de parámetros involucrados en la elección de la fuente de luz o bombilla escogida, dará como resultado un coeficiente o factor, que es el que determina la eficacia y eficiencia con que la fuente de luz está bañando el espacio iluminado. Este resultado tiene un carácter tanto cardinal o «Factor de Utilidad», resultado de la proporción de luz que cumple con el cometido esperado, como subjetivo, por la sensación que crea en el espectador.
Los parámetros más habituales que determinan el resultado de un alumbrado suelen ser:
- La naturaleza física de la radiación electromagnética emitida: en base al compuesto o elementos que emiten la radiación lumínica, ésta tendrá una combinación espectral distinta.
- La intensidad de la radiación luminosa emitida por la fuente: Cuanta más flujo de fotones emita la fuente de luz, mayor luz incidente y reflejada bañará la estancia.
- El espectro de onda o distribución espectral de la radiación emitida: en base a la diversidad y proporción de frecuencias en que la fuente de radiación de luz emita, tendremos una luz con unas propiedades luminosas diferentes: desde más ionizantes para onda corta, hasta más caloríficas para onda larga, situándose el espectro visible por el ojo humano en el centro de esa distribución de luz, en el que ocupa una pequeña amplitud de poco más de 300 nanómetros (entre 360 y 650nm, aproximadamente).
- La forma o ángulo sólido en que la luminaria distribuye la radiación luminosa en el espacio: la fuente de luz se emite en un espacio que, en base al modo en que es confinada y dirigida, se proyecta de diferente manera, emitiendo un haz o cono de luz, que es tanto más cerrado cuanto más concentrado es el ángulo con que se emite o dirige la radiación luminosa.
- El ángulo y la distancia con que la luz incide en el espacio o el material iluminado: en base al valor cardinal de ese ángulo sólido, obtendremos un ángulo más cerrado y una intensidad más fuerte para un mismo plano de incidencia, o dicho de otra manera, la fuente de luz se proyectará tanto a más distancia con una intensidad de luz directamente proporcional, cuanto al haz de luz sea más concentrado.
- El material de que está fabricada la superficie o espacio sobre el que incidirá la luz: la naturaleza física y morfológica del medio en que se propaga la luz determina cómo se modificará el espectro, la dispersión y la intensidad de la radiación luminosa, tanto incidente como reflejada.
- El color y composición que posee el material que refleja o filtra la luz: cualquier haz de luz reflejado o refractado se verá modificado en ángulo, intensidad y tonalidad por las características físicas, el color o tono de la superficie que lo refleja o refracta, modificando el espectro original de la luz incidente.