Las fuentes de luz se caracterizan fundamentalmente por su naturaleza de radiación o espectro, intensidad luminosa, tonalidad o color y distribución o nivel de dispersión en el espacio.

Cuando aplicamos una limitación de corriente a una fuente de luz artificial eléctrica, lo que hacemos es regular o atenuar su intensidad de luz.

En muchos foros, catálogos y fuentes de información, aparece la palabra «dimable» o «dimerizable». Estas expresiones son barbarismos derivados del inglés «DIM», que significa «tenue» o «atenuar».

Como sea que se denomine, en todos los casos se trata de aplicar una técnica de atenuación de luz, de las muchas disponibles en el mercado, cuya compatibilidad con la fuente de luz está condicionada por la tecnología eléctrica o electrónica que se use para alimentarla.

Existen muchos sistemas de regulación en el mercado, que han ido apareciendo paralelamente a la necesidad de atenuar distintos tipos de tecnología de alumbrado:

El más primitivo es, sin duda, el empleo de resistencias eléctricas ohmicas que disminuyan el voltaje en una bombilla de filamento o carga resistiva. Combinando un conmutador múltiple a una batería de resistencias eléctricas de diferente valor, en paralelo entre sí, y en serie con la bombilla, podemos obtener varios niveles de intensidad de luz.

La ventaja de las cargas resistivas como las bombillas de filamento, es que no distorsionan la eficiencia de la corriente por lo que, cuando apareció la tecnología del transistor y se introdujo el sistema de atenuación por modulación de corriente en transistor TRIAC, el resultado de atenuación fue, y sigue siendo, suave y libre de parpadeos, como el regulador 4030, el 4021 o el 4015; sin embargo, para poder encender al mínimo de luminosidad un filamento de tungsteno, el transistor debe dejar pasar como mínimo un 75% de la corriente nominal de la bombilla, por lo que, cuando tenías una bombilla de tungsteno al mínimo de luz, estaba consumiendo el 75% del consumo de la bombilla; es decir, una bombilla de 100w al mínimo de luz, seguía consumiendo 75w!

Más adelante, con la aparición de la fuentes de luz con descarga de Millikan, dopadas con fósforos ionizados, o tubos fluorescentes, el funcionamiento se complicó, al tener que intercalar un transformador de doble bobinado, o reactancia, que permitiese una corriente alta de ionización del gas para disparar el encendido, y un bobinado secundario que, al saturarse con la carga, estabilizase la tensión a la nominal de funcionamiento constante, generalmente de 110v. Los saltos bruscos de corriente y el bajo factor de potencia de estos sistemas hacía muy compleja y cara su atenuación de luz.

Incluso más tarde, con la aparición de los encendidos electrónicos de fluorescencia, el coste de los reguladores de luz incorporaba tecnologías muy caras a nivel doméstico por lo que, la regulación de sistemas fluorescentes quedó durante muchos años relegada al sector profesional y residencial de alta gama de alumbrado, como los sistemas analógicos 0-10v o los sistemas digitales DMX o DALI, entre otros.

No fue hasta la aparición del LED de alumbrado que, gracias a ser de por sí un componente de naturaleza electrónica, simplificó exponencialmente la gestión de atenuación de las fuentes de luz, hasta el punto de que, hoy en día, gracias a la plasticidad morfológica y reducido consumo de esta tecnología, conviven con ella todos los sistemas de atenuación, tanto antiguos como modernos, por lo que se han extendido por igual tanto en sistemas domésticos como profesionales, con un coste de instalación verdaderamente asequible, como nuestros reguladores LED R4280 , LBD2G o RD5LE1 , controladores 0-10v 4019 , o controladores digitales como DALI ECO.

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