No hace ni 70 años, las bombillas tenían una mera función luminosa, sin pretensiones decorativas. Eran las tulipas, pantallas y demás difusores de luz las que cumplían esa función creativa. Si un cliente entraba a comprar, pedía bombillas de rosca pequeña o grande y, si quería más o menos luz, solicitaba 15, 25, 40, 60 ó 100w.
Hoy en día, en la era en que las fuentes de luz carecen de límite en cuanto a forma, luminosidad y tamaño, la clásica bombilla ha reafirmado su función creativa y decorativa. A diferencia de las comercializadas hasta mediados de siglo XX, podemos encontrarlas en infinidad de modelos, dando ambiente a locales y estancias, en empresas o domicilios particulares, desde la sencilla réplica de la venerada Edison, la 45RUAM, pasando por la globo 12G1D2, las oníricas bombillas medusa 08FG15D2 o anillo 06FB2AD2 , hasta las sicodélicas 09SPN2 y 06G1R2. El cliente ya no se limita a solicitar la fuente de luz, sino que pide verla encendida para saber si encaja en la estancia para la que irá destinada.
Solo nos falta que, además, una inteligencia artificial decida por nosotros qué bombilla encaja en nuestra habitación, con lo que perderemos totalmente el criterio propio, y seguiremos el aconsejado por un ente artificial, probablemente patrocinado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *